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David Teira: de barrio Sésamo a Ciberpunk

Conjunto de artículos breves publicados originalmente en Ciberpunk.com por David Teira entre el 2000 y el 2002 (salvo Neo en Bagdad que es de 2003), que podríamos considerar en conjunto como un libro electrónico y que rescatamos y editamos ahora como parte de la recuperación de fondos con la que preparamos el 20 aniversario del movimiento ciberpunk.

Conjunto de artículos breves publicados originalmente en Ciberpunk.com entre el 2000 y el 2002 (salvo Neo en Bagdad que es de 2003), que podríamos considerar en conjunto como un libro electrónico y que rescatamos y editamos ahora como parte de la recuperación de fondos con la que preparamos el 20 aniversario del movimiento ciberpunk.

Aquí tenéis la versión pdf optimizada para Iliad y aquí los textos en html:

Franquismo Pop

Alguien explicará algún día que en la España del 2001 los menores de 25 se unan a los mayores de 65 al disfrutar del programa de Parada y las películas de Segura, y los demás, entre medias -treinta recién cumplidos o cincuenta bien entrados-, se entreguen por igual a la nostalgia de Ana Belén y Miliki. Mientra se explica o no, tenemos ya al menos una etiqueta: Franquismo pop. A Guillem Martínez los lectores de El País le conoceran por sus crónicas veraniegas: Hola. Gracias por elegir este canal, etc..

Grijalbo-Mondadori nos descubre ahora que tras esa sintaxis sincopada se ocultaba todo un sociólogo: Se puede hablar de un tapón generacional en la cultura y en los medios culturales españoles, formado por personas que tenían treinta tacos en el 75 y que, en sus aportaciones, están supliendo el recambio de, al menos, dos generaciones. La tesis de Martínez es que la tradición liberal española pasó al exilio y de allí al olvido. Su desaparación explica el buen rollo general que hoy se respira en los círculos mejor educados del país. Y por las mismas la ausencia de crítica. En fin, que como el ambiente es tan bueno, las generaciones ya instaladas están decididas a quedarse: en las fotos que ponen junto a sus artículos, han empezado a quitarse años, de manera que, de seguir así, en el futuro aún le saltarán el novio o la novia a nuestros nietos. Socorro.

¿Por qué Franquismo pop? Se diría que es simplemente otro modo de ver la Transición. El de aquellos que por edad no pudieron apreciar el cambio (¿la mayoría?). Para escándalo de muchos treintañeros del 75, el cambio del cambio fue que sus hijos (y otros marranos) votaran al PP. No es extraño, pues si era verdad que necesitaban los documentales de la Prego para descubrir la libertad sin ira -en aquel entonces las mayorías de hoy escuchaban a Enrique y Ana y a Umberto Tozzi. Aceptado esto, y a falta de otra cosa, viene a decir Martínez, la mano invisible propicia un reencuentro. Amiguetes Entertainment pacta con Sogecable: cincuentones y treintañeros acuerdan explotar en común ese pasado cultural tan cercano que tanto nos gusta a todos. Y todos tan contentos.

Pero, ¿y el ciberpunk en todo esto? Pues justamente. Busquen en los 13 artículos recopilados por Martínez para ilustrar Franquismo Pop (Vázquez Montalban, Gimferrer, David Trueba, Jordi Costa…) No encontraran una sola mención de un Spectrum en 188 páginas. Vayan a Google y hagan la prueba: basta con teclear Miliki (sólo páginas en español), Spectrum (sólo páginas en español). Comprenderán a quién le toca explotar el futuro

Para seguir leyendo: G. Martínez, Franquismo Pop, Barcelona, Grijalbo-Mondadori, 2001

Los mumi de Internet

El mumi, entre los siuai de Bougainville (islas Salomon), era lo que nuestros antropólogos denominan un cabecilla, un agente que intensifica la producción y, posteriormente, la redistribuye. El joven que aspira a ser reconocido como mumi trabaja sin descanso en la preparación de festines con los que agasajar a la tribu. Con ellos obtiene cada vez más seguidores, que le proveeran de carne y cocos para nuevos festines, aún mayores. Llega el día en que puede desafiar a los viejos mumi. Les ofrecerá un banquete cuya generosidad no podrán igualar. Humillados, los viejos mumi perderán entonces el respeto de sus seguidores.

Cuando Marvin Harris relataba el caso, no pensaba, desde luego, en Internet. Pero ¿acaso elmundo.es no se comporta como un mumi? ¿Qué son los grandes portales de la red más que cabecillas en competencia? Sus desarrolladores trabajan también sin descanso para obtener contenidos querer distribuir gratuitamente a sus visitantes. Los contadores registran minuto a minuto su prestigio. Semana a semana, caen portales cuya generosidad anteriormente parecía inagotable. Todos estos mumis de internet desean algún día convertirse en auténticos jefes. Ese día en que puedan poner precio a su generosidad, cobrando por acceder a sus servicios.

¿Llegará el día en que Internet aparezcan jefaturas? Hasta hoy en la red,como entre los Kung San del Kalahari, cada uno es cabecilla de simismo. ¿Quién impedirá, entonces, la aparición de jóvenes y desafiantes cabecillas, que ofrezcan nuevos contenidos gratuitos? Y, sobre todo, ¿habrá una web que baste para saciar los apetitos de tantos millones de navegantes? Los ciberpunk, como los siuai de Bougainville, contestarán: Nos comeremos su renombre.

Más sobre los mumi en un clásico: Marvin Harris, Caníbales y reyes,Alianza Editorial, Madrid, 1987

Ctrl+f os hará libres

No es por casualidad, creo, que entre los pioneros del texto digital se cuente… el Index Thomisticus. Sí, como lo lee: el índice terminológico de las obras de Santo Tomás, desarrollado en 1949 por el jesuita Roberto Busa en colaboración con la IBM. ¿Acaso es de extrañar? De los cinco volúmenes de la edición latina de la Suma de Teología que la BAC editó en España por aquellos mismos años, uno está enteramente dedicados a índices, siguiendo una tradición que en nuestro país se remonta al siglo XVI. ¿Caprichos intelectuales de escolásticos? Quizá, pero aun si así fuese, ¿quién no es hoy un escolástico?

La búsqueda de cadenas de caracteres, ese algoritmo de maravillosa simplicidad, puso a disposición de cualquier usuario lo que el Padre Busa ingenió al servicio de toda la Iglesia. El Ctrl+fdel navegador, el Acrobat Reader y de tantos CD-ROM (el Ctrl+b de los procesadores de MS en español) son el auténtico ábrete Sésamo de la sabiduría. Esos desiertos textuales cuya exploración se cobraba ayer la vida de tantos y tantos eruditos, son hoy por vez primera una auténtica red abierta. Gracias a Ctrl+f, el texto se despliega a voluntad ante el intérprete, y lecturas insospechadas, antes sólo al alcance de unos pocos sabios, se desvelan ante cualquier ojo curioso… y una mano diestra en el manejo del teclado.

Y sí, ya oigo las quejas: Ctrl+f, la ganzua del intérprete oportunista, Cervantes en manos de cualquier desaprensivo armado con Ctrl+f, … Hace no más de tres años oía comentarios semejantes en el despacho de un profesor universitario a propósito de la mismísima Internet, al explicarle yo la existencia de Google. A él, me decía,esos famosos buscadores no le daban resultado: abría el navegador, ¡pulsaba Ctrl+f!, introducía su búsqueda y no le salía una sola página. ¿Serán entonces desaprensivos y oportunistas los únicos que aprendan a usar Ctrl+f? También aprenderán los eruditos, y sin tardar mucho. También a ellos Ctrl+fles hará libres.

Más sobre el Index Thomisticus, los jesuitas y la IBM

La justicia de FIFO y LIFO

Una pregunta de Fabian Muniesa [Descriptor El País/Babelia: un joven y prometedor sociólogo español afincado en París] Descriptor El País/Tentaciones: un amiguete al que tanto debo]: ¿Puede ser justo FIFO (o FIFO)?

Como muchos sabrán, FIFO es un acrónimo de First in, First Out: un algoritmo de tratamiento de datos, según el cual el primer dato que entra (por ejemplo, en un array) es el primero que se procesa. Como en la cola de cualquier comercio. En el caso de LIFO (Last in, First Out), se procesa primero el último dato introducido. Fabian Muniesa se dedica a estudiar la articulación de agentes financieros y ordenadores en la Bolsa parisina. Allí, en una call auction digital, FIFO contribuye a la determinación del orden en que se procesan las órdenes de compra o venta de acciones.

Por tanto, la cuestión se puede reformular: ¿es justa una cola? En principio, a nadie se le ocurría otro precedente que el bíblico “los últimos serán los primeros”. Recuerden, Ctrl+f nos hace libres, de modo que no me costó más de un minuto encontrar la cita. Descubrí que, ciertamente, el ingreso en el reino de Dios se efectuará según un riguroso algoritmo LIFO: el último que abandone su incredulidad será el primero al que se dé entrada en el Cielo (a quien le sorprenda: Mt. 20, 16) Pero, si no es para recibir una recompensa infinita -al parecer, el último que entre tendrá tanto Cielo como el primero y toda la eternidad para disfrutarlo-, ¿cómo podría ser justa una cola?

Para un comerciante, probablemente resultase más justo atender a sus clientes según el volumen de su compra (quien más contribuye a mi supervivencia, más se merece mi atención). Para el cliente, más justa sería aquella cola que mejor le trate. Así, para el anciano, una cola cronológica de mayor a menor edad; para el trabajador, una cola por orden de entrada al trabajo; etc. La cuestión es, entonces: ¿hay una cola que sea justa para todos? De nuevo, la Iglesia viene en nuestro auxilio. Decía San Agustín que cuando te sobra una cosa y te la piden dos personas igualmente necesitadas sin que puedas anteponer la una a la otra, lo mejor es que el azar decida a cuál de las dos se la das (para los contumaces: De doctrina christiana, II, 28)

La justicia de FIFO (o LIFO) consiste, por tanto, en institucionalizar el azar. No importa cómo lleguen los clientes: a medida que vayan llegando, vamos atendiendo peticiones. Por supuesto, lo injusto será que alguien se cuele. Pero si la cola está a la vista de los demás clientes, ya se ocuparán éstos de poner al caradura en su sitio. Ahora bien, ¿y si hablamos de colas digitales, como Fabian Muniesa? Cuando enviamos una petición tan importante como una compra milmillonaria a un servidor, ¿quién nos asegura que seremos atendidos por un riguroso FIFO? Cuantas más peticiones tramitemos en la red, más nos dará que pensar esta pregunta. En principio, sólo se me ocurre una respuesta: que las colas -al menos, ciertas colas- sean públicas ¿Cuántos servidores se asaltarán para obtenerla?

Para saber más de la sociología de los mercados financieros: en papel, Politix. Revue des sciences sociales du politique, Volume 13 – n° 52/2000

ELIZA: troubleshooter

Si a una paloma en una jaula le dejas acceder al comedero durante 5 segundos a intervalos de 15 segundos, por ejemplo, es probable que al poco tiempo observes en ella cosas raras. Caminará en círculo, movera las alas, picoteará la jaula… ¿con qué propósito? Hace ya 50 años, el psicólogo Burrhus Skinner (¿Está su Walden 2 en la biblioteca de disutopias ciberpunk, por cierto?) diagnosticó el caso de estas palomas. Un movimiento efectuado casualmente por el animalito al abrirse el comedero es asociado por éste a la apertura. El refuerzo de nuevas coincidencias determinará así la aparición de una conducta supersticiosa: si al abrirse el comedero, la paloma giraba por casualidad la cabeza, volverá a girarla insistentemente para forzar una nueva apertura.

Llegados a este punto, que tire la primera piedra quien no se haya comportado nunca supersticiosamente con su ordenador. En tiempos del Spectrum, recuerdo un juego en el que entrenabas un equipo y presenciabas sus partidos. Durante días traté de encontrar la tecla de disparo, que creí descubrir por fin en la z. Tras una semana machacando la z contra las defensas de mis adversarios, un amigo me explicó que el partido era simulado. Perdí la fe, claro.

Pero, como todos sabemos, las supersticiones proliferan. En los años sesenta, J. Weizenbaum ingenió un programa que emulaba a un psicoterapeuta. ELIZA -así lo llamó Weizenbaum- entrevistaba al paciente mediante preguntas genéricas, frases hechas y ecos de sus propias respuestas. Por ejemplo: [Paciente] Los hombres son todos iguales | [Eliza] ¿En qué sentido? | [P] Siempre nos están fastidiando con esto y lo otro | [E] ¿Puede pensar en un caso concreto | [P] Bueno, mi novio me hizo venir aquí |[E] Su novio la hizo venir aquí | [P] Dice que estoy deprimida la mayor parte del tiempo | [E] Siento saber que está usted deprimida Etc., etc. El éxito del programa fue tal que incluso ingenieros cualificados acababan confesándose con él.

A menudo he pensado en ELIZA al consultar los programas de resolución de problemas que últimamente operan en Windows: formulas tu pregunta y el “Dr.” intenta ayudarte. “[P] No me funciona la impresora | [E] ¿La tiene usted conectada?…” Etc., etc. Siempre creí que nada podía sustituir a un buen manual y, desde luego, dudaba de que alguien pudiese resolver algo importante con semejantes diálogos. Hasta que entendí su función supersticiosa.

Es posible que las cosas en Windows fallen, nadie en Microsoft lo negará. La cuestión es que el cliente crea que ellos van ayudarle a arreglarlo. Aunque se arregle solo o no se arregle. Desde un punto de vista comercial, qué puede igualar a la satisfacción de ese usuario incauto que repara su máquina siguiendo la ayuda. Seréis como Dioses, promete Gates, y si no, al menos, como palomas supersticiosas. Muchos lo sospechábamos: lo suyo no es una empresa. Es evidente que Microsoft es toda una Iglesia.

Más sobre supersticiones: Marino Pérez, comp., La superstición en la ciudad, Madrid, S.XXI, 1993

Descartes ante el Voigt-Kampff

Si hubiese alguna máquina que tuviese semejanza con nuestro cuerpo e imitase todas nuestras acciones tanto como moralmente fuese posible, tendríamos siempre medios muy seguros para conocer que no serían verdaderos hombres.

Así se expresaba Descartes en 1637, 331 años antes de que Philip K. Dick escribiese sobre el Voigt-Kampff, el test con el que Rick Deckard –¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?– descubría androides fugados ocultos entre nuestra especie. No eran verdaderos hombres: si a un androide se le preguntaba sobre sus sentimientos, sólo sabría simular empatía. El Voigt-Kampff detectaba la simulación, y Rick Deckard podía eliminar al androide. En el mundo de Wilbur Mercer todas las especies animales convivían empáticamente en armonía. Los androides sin sentimientos estaban excluidos de esa empatía y si se rebelaban, debían ser retirados sin remordimientos.

Sin embargo, aunque el test aplicase un principio cartesiano, Voigt-Kampff sabía ya algo que Descartes ignoraba. En el siglo XX, los etólogos descubrieron que muchas especies animales experimentan empatía. Y también nosotros, muchas veces, la experimentamos por ellos. Por eso, en el mundo de Wilbur Mercer, era un imperativo religioso cuidar de algún animal. La auténtica dificultad para un devoto de Wilbur Mercer como Rick Deckard era que a veces incluso un cazador de bonificaciones experimentaba sentimientos hacia los androides, como si fuesen también animales. ¿Cómo iba entonces a retirarlos sin compasión?

A principios del siglo XXI, David de Ugarte nos propone ya amar a los androides o, al menos, a nuestras nuevas mascotas lógicas, los ordenadores. Las cosas eléctricas también tienen su vida por pequeña que sea. ¿Se trata simplemente de una ilusión ciberpunk?

Volvamos de nuevo a Descartes. El amor puramente intelectual o razonable, decía en 1647, es aquel que experimenta el alma por aquellas cosas que juzga convenientes para nosotros. Amaremos también, por tanto, objetos sin voluntad como un pájaro, una flor o un edificio. ¿Por qué no amar entonces a un ordenador? ¿Acaso no nos inspira también pensamientos razonables?

Se dirá quizá que eso no es amor, sino un sentimiento supersticioso como el de las palomas de Skinner [esto es otra columna: ELIZA: troubleshooter]. No sabemos qué ocurre en el interior de un ordenador, y si experimentamos la ilusión de amarlo es, por tanto, un simple pensamiento confuso, no un amor puramente intelectual. Mi tesis: no necesitamos saberlo. Para amar a un ordenador, basta con saber manejarlo. La prueba en la próxima columna.

Más sobre Descartes y los autómatas: Luis Arenas, Descartes y la racionalización técnica de lo real, Thémata. Revista de filosofía_ 26 (2001), pp. 27-40

Videojuegos Mesianicos

Son muchos los que advirtieron desde un principio el carácter religioso de Matrix, la película de los hermanos Wachowski. Su protagonista, Neo, se presenta en ella como un Mesias de los tiempos modernos. Morpheus/Juan el Bautista anuncia tras de mí viene uno más fuerte que yo (Mc. 1.7). Trinity/María Magdalena anuncia la resurrección (Mc. 16.9). Y así sucesivamente. Pero, podemos preguntanos, ¿qué hace exáctamente de Neo un Elegido?

Creo que la respuesta se encuentra en uno de los episodios más curiosos de la película. En el combate final, Neo -¿inspirado por Trinity?- se da cuenta de que puede ver desde dentro la Matriz tal y como la ve Mouse, el programador, desde fuera, en la pantalla de su ordenador. Es decir, como cadenas de un código semejante a nuestras secuencias binarias (¿serán esos pictogramas verdosos el equivalente futuro de nuestros 1s y 0s?). El cerebro de Neo comienza a operar diréctamente a bajo nivel: el agente Smith (el malo) se convierte en un simple algoritmo cuyas respuestas resultan perfectamente calculables. La matriz se convierte entonces en un simple videojuego, para el que Neo tiene todos los POKEs -¡ah, los viejos tiempos del Spectrum!. Un videojuego mesiánico, claro.

¿Se aplica también a Matrix la ley de PKD enunciada por David de Ugarte? Recordémosla: Cuanto más desarrollado es el entorno tecnológico y más complejas las herramientas cotidianas, más tiende la cultura popular hacia la superstición. La Matriz es el genio maligno que confunde nuestros sentidos y juega con nuestra inteligencia. Neo es el Mesias que nos desvelará la verdad y nos enseñará cómo vencer al ordenador.

La alternativa racionalista para tratar con los ordenadores nos la propone, también David de Ugarte. No es necesario descender al código binario para relacionarnos con la máquina. Nuestras neuronas operan con señales analógicas, no digitales. Lo que importa es la estructura del algoritmo con el que procesamos los datos. Engáñeme quien pueda, que lo que nunca podrá será hacer que yo no sea nada, mientras que yo esté pensando que soy algo (…) ni que dos más tres sean algo distinto de cinco, ni otras cosas semejantes. Este era, otra vez, Descartes en 1647. Un algoritmo tan simple como el de la suma no podrá engañarnos. ¿Y qué son hoy los ordenadores más que algoritmos y silicio?

Cualquier usuario de oficina normal de Windows u Office entiende que manejar con agilidad los programas incluye enfrentarse a fallos lógicos y saber resolverlos, dice David de Ugarte. No hay engaño alguno y no necesitamos ningún Mesias para acceder al disco duro.

Los ordenadores constituyen hoy nuestra una parte central de nuestra noosfera, como dice Sáez Vacas. ¿Alguien se extrañará entonces de que podamos amarlos?

Otro día más sobre la noosfera: de momento, Fernando Sáez Vacaz, Meditación Infotecnología, un e-book

Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma envía un par de aviones

Hace treinta años, en un delirio teológico propio de la época, Andrew Lloyd Weber y Tim Rice escenificaban al espíritu de Judas cantando y bailando ante Jesús crucificado (Jesus Christ Superstar, por supuesto). Judas no entendía que todo un Hijo de Dios no hubiese planificado mejor las cosas: ¿qué hacía en Israel 4 siglos antes de Cristo, sin un sólo medio de comunicación a su alcance?

Sean o no árabes los responsables de los titulares de (America under attack), es evidente que compartían tanto el impulso suicida de Jesús (Don’t let me stop your great self-destruction. Die if you want to, you misguided martyr! le decía Pilatos) como las inquietudes publicitarias de Judas. La fe mueve montañas, ya se sabe, y si la montaña no va a Mahoma, Mahoma envía un par de aviones a movérsela a domicilio al impío, CNN live.

A diferencia de David de Ugarte [NY 2001, hoy mismo en ciberpunk], creo que acontecimientos como el de ayer son tan antiguos como la Humanidad. 1000 años antes de Cristo, hubo otro David, éste inspirado por Dios, que luchó contra un gigante filisteo al que nadie entre los israelitas osaba afrontar. Le bastó una honda para vencer: El Señor salva sin espada ni lanza; porque él es el árbitro de la guerra (I Sam. 21: 47). Tres mil años después, unos cuantos iluminados armados tan solo con cuchillos acaban de mostrarnos cómo arreglárselas para derribar dos rascacielos en pleno Manhattan sin manipular un solo gramo de explosivo.

El mensaje a los iluminados del mundo está claro: si se te ocurre una atrocidad a tu alcance, just do it. Y a los demás más nos vale no lamentarnos demasiado por el número de víctimas, que ya decía Woody Allen a propósito de las quejas de su cuñado ortodoxo sobre el Holocausto que los records están ahí para superarlos (Deconstructing Harry). Antes de volar un edificio del gobierno federal en Oklahoma, Timothy McVeigh vagaba durmiendo en su coche por los Estados Unidos. Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma, declaraba antes de morir nuestro American Psycho. ¿Cuánta vigilancia policial necesitarían nuestras democracias para impedir sus ataques?

De no proponerse otra solución, nos esperan tiempos conservadores en los que miraremos con desconfianza al árabe del asiento de al lado al despegar el avión. No se ponga nervioso: también usted puede hacer algo sin la policia. Invítele a tomar una copa y procure convencerle para que vea la película con usted, déjele jugar un rato con su portatil, y vaya provisto de algún producto PlayBoy/Girl, por si acaso lo demás no resultase demasiado convincente. Locos como él hay muchos en nuestras democracias, pero, convénzale, tienen mejores cosas que hacer que morir matando.

La increíble ubicuidad de David de Ugarte

Mea culpa. El año pasado me encargaron la traducción de La era del acceso, probablemente una decepción para muchos de los lectores de esta página. Jeremy Rifkin intentaba dar cuenta en el libro de cómo se articulan el capitalismo y la cultura en la era digital, aunque esto ahora no viene al caso. Vayan a las páginas 272-282. Allí Rifkin especulaba -o eso creía yo- sobre las identidades múltiples. La tesis: en Internet, yo soy yo y todos mis alias.

Una vez más, la idea no es nueva. En la mitología griega el anciano Proteo conocía pasado, presente y futuro. Para evitar a todos aquellos desesosos de acceder a tan valiosa información, se transformaba. Proteo se convertía, según la ocasión, en erizado jabalí, tigre cruel, escamoso dragón, etc. Así eran los antiguos: algunas veces encriptaban el mensaje (los oráculos), y otras el soporte (Proteo).

Hasta aquí, todo es bien conocido. Bueno, pues imaginen mi sorpresa cuando ayer recibo un correo anónimo de un periodista notificándome que David de Ugarte, editor de este e-zine… es Legión [la cita bíblica se la dejo hoy a su ctrl+f]. Actividades simultáneas, públicas y privadas, en Madrid, Logroño, Albania, … atestiguadas en prensa, medios digitales, tribunales…. David de Ugarte no es, al parecer, una persona y sus alias, sino un alias y ¿muchas personas?. ¿Cómo explicar de otro modo su increible ubicuidad?

Las pruebas: http://www.geocities.com/ugarte_leyenda_urbana/

En lo que a mí me toca, le conocí en la red (en el antiguo deugarte.com) y desde entonces intercambiamos correos. Desde luego, sea o no él, alguien recoge esta columna de su buzón y los cuelga en ciberpunk.com, si es que ustedes la están leyendo. En fin, la cuestión es: ¿hay un solo David de Ugarte o son muchos?

Bien pensado, tampoco dejaría de tener ventajas para sus columnistas. Hace pocos días, Rebeca Miranda proponía en este mismo sitio la poliandria como solución para los déficits emocionales de una mujer. Lo que un solo hombre no daba, lo darían tres por turnos. He aquí la solución: Rebeca, ahí tienes a David de Ugarte, una pareja que son todas las que quieras.

El Geotrichum contra la Postmodernidad

Hace ya casi quince años, poco después del ZX Spectrum, leí varias veces La condición postmoderna y entendí pocas cosas. Una que me impresionó mucho entonces era que su autor, Jean François Lyotard, decía ¡en 1979! que el saber se cuantificaba en bytes. Era el fin de la Modernidad y el principio de una nueva era. Cabía comprar y vender bytes como kilos o litros: se podía comerciar con el conocimiento. En adelante, nadie volvería a proclamar el ¡atrévete a saber! de la Ilustración. Ese atrevimiento tenía ya precio.

No entendía nada. Mis únicos bytes en aquel entonces eran mis programas en BASIC (pocos) y mis juegos (muchos), un conocimiento registrado en cinta magnética. Duplicar ese conocimiento estaba al alcance de cualquier que dispusiese de dos sencillos dispositivos analógicos como una grabadora y un cable. ¿De qué hablaba Lyotard?

Lo entendería con mis propias manos poco después al manejar los primeros floppies. Pero antes pude admirar qué significaba poner precio al conocimiento digitalizado con el Compact Disc. Aquella maravillosa calidad de sonido no alcanza a reproducirla una copia analógica. Además, éstas no tardaban mucho en deteriorarse, mientras que el CD -creíamos entonces- era eterno. Y mucho más caro que cualquier disco de vinilo.

¿Quién podía detener aquello? Mis primeras pesadillas ciberpunk comenzaron entonces, al comprender que nada detendría el avance de una era en la que sabiduría no equivale a liberación. La imprenta había puesto el conocimiento al alcance de cualquiera que conociese el alfabeto. En El nombre de la rosa, otra lectura de aquellos años ochenta, se contaba precisamente como un franciscano trataba de sacar un libro perdido de Aristóteles de un tenebroso monasterio dominico. Ese conocimiento liberado con la Modernidad amenazaba con ser atrapado nuevamente por aquellos CDs de precio inalcanzable. ¿Era la postmodernidad una vuelta a la Edad oscura, me preguntaba yo entonces?

Pensé en todo esto al descubrir la existencia del Geotrichum, leyendo el Mundo científico de septiembre. Aprendí allí que esos CDs que entonces creíamos inalterables son, en realidad, pasto para un hongo. Según informa un equipo de investigación español, el Geotrichum se introduce por el borde del CD y va avanzando lentamente hacia el interior siguiendo el plano de la capa de aluminio donde se guarda la información. Las secuencias binarias de agujeros y elevaciones grabadas en esa capa aluminio son, en realidad, un festín en forma de montaña rusa para nuestro hongo.

Para detener el avance de la Modernidad, un malvado monje ciego se comía la única copia existente del segundo libro de la _Poética_ de Aristóteles ante los ojos espantados de James Bond (en eso se quedó El nombre de la rosa cuando vimos la película). Hoy por fin lo sé: si algo puede impedir la Postmodernidad será el Geotrichum.

Ockham usaría Palm

La semana pasada les contaba mis angustias adolescentes con Jean François Lyotard y la cuantificación binaria del conocimiento. Pero antes que Lyotard fue Solomonoff, aunque yo tardé algunos años en descubrirlo. Podemos comprar conocimiento por Kb, es cierto, pero ¿quién nos asegura que compramos verdades científicas y no simples supercherías digitalizadas?

En 1964, Ray Solomonoff propuso una solución. Todo científico -obviemos ahora a los matemáticos- cuenta con evidencias empíricas con las que contrastar sus teorías. Pongamos que estas evidencias equivalgan a una secuencia de unos y ceros. Cabría entonces interpretar las teorías como algoritmos que den cuenta de tales observaciones y anticipen otras nuevas (¡explicar es predecir!). Ahora bien, sabemos que cabe dar cuenta de cada secuencia de unos y ceros mediante muy diversos algoritmos. ¿Cuál elegiremos entonces?

Si en El nombre de la rosa el dominico Jorge de Burgos se anticipaba a nuestro hongo comedor de CDs -para impedir el avance del saber, nada mejor que comérselo-, nadie se extrañará de que Solomonoff recurriese a otro monje del siglo XIII para escoger entre algoritmos/teorías. Sí, queridos lectores, una vez más la navaja de Ockham: entre todas las teorías que den cuenta de un fenómeno, preferiremos la más simple. O en binario: entre todos los algoritmos que den cuenta de la secuencia de unos y ceros, escojamos el que menos bits contenga.

Pueden ofrecernos licencias de pesadísimo conocimiento digitalizado (¿imaginaba Lyotard Microsoft en 1979?), pero aun podemos resistirnos a la postmodernidad si sabemos elegir. ¿Y cómo no pensar en Solomonoff al usar hoy nuestro ordenador de bolsillo? Acostumbrados a llenar el disco duro con pesadísimos procesadores de texto, navegadores inacabables,… ¿quién no se asombra al poder ejecutar tantas funciones en unos pocas Kb? Aun en estos tiempos postmodernos, el encanto de la simplicidad sigue siendo irresistible. No hay duda: Ockham usaría Palm.

La política de los chimpances

Extremism in the defence of liberty is no vice. En 1964, Barry Goldwater pronunció esta frase -de ecos, al parecer, ciceronianos- en su discurso de aceptación de la candidatura republicana a la presidencia estadounidense. Perdió, según muchos, por extremista.

En El planeta de los simios, el general Thade pronuncia esta misma frase, esta vez en defensa de los simios -para quien no lo recuerde: en la cena en casa del padre de la bondadosa Princesa Ari. Y aparentemente pierde -en el final de los buenos; en el de los malos nos lo encontramos precisamente en el Capitolio. ¿Cuál es el extremismo de Thade? Afirmar la imposibilidad de una convivencia pacífica entre especies. Ya avisaba el padre del general Thade (¿Charlton Heston?): si los simios no someten a los humanos, éstos les dominarán. La libertad, que decía Goldwater.

En _La política de los chimpances_ el etólogo Frans de Waal se pregunta ¿Son los orígenes de la política más antiguos que la Humanidad? No sería de extrañar: compartimos con los grandes simios un antepasado común (_Proconsul_) que vivió en África hace unos 20.000.000 de años; nuestro ancestro común con los chimpancés no tiene más que unos 8.000.000. Por mucha prisa que nos demos en alejarnos de los simios, el tiempo aprieta: “Si el reloj evolutivo desde el origen de la vida hasta el presente se reduce a la escala de un año, los seres humanos hacen su aparición, aproximadamente, a las 8 p.m. de la víspera de Año Nuevo”.

En efecto, el comportamiento grupal de los chimpancés nos descubre analogías extraordinarias: coaliciones, engaños, segundas intenciones,… No son unos angelitos, vaya. Tampoco nosotros. A los bienpensantes les gustará, por tanto, ese final en el que el astronauta terrícola extraviado en el planeta de los simios se despide de sus dos enamoradas (la bondadosa princesa simia y la aborigen humana) con sendos besos. Vivamos juntos en paz sin extremismos… aunque nuestras especies no puedan cruzarse y tengamos que competir por los recursos.

Ya lo advertía Goldwater, la libertad es, a veces, extremista. Si, por ejemplo, Mahoma nos envía un par de aviones desde Afganistán para islamizar el World Trade Center, ¿a quién tendremos que parecernos nosotros, al general Thade o a la princesa Ari? Eso sería comportarse como simios, dirán algunos. Como hominoideos, digo yo. Al fin y al cabo, es lo que somos.

Para leer más: Frans de Waal, La política de los chimpancés, Madrid, Alianza

David de Ugarte: uno y trino

Hace unas semanas dudaba de su existencia, ya lo conté aquí. Hoy creo, porque he visto. David de Ugarte es uno y múltiple. Es uno, desde luego, uno moreno, extraordinariamente simpático y vive a poco más de quinientos metros de aquí. Pero si creo por lo que he visto, no tengo más remedio que admitir su multiplicidad. Después de una tarde con él, creo que serían ya necesarios 11 de los 22 volúmenes que Baroja le dedicara a Eugenio de Aviraneta para dar cuenta de sus actividades (Alberto Noguera ya lo apunta en Multitextos.com). No basta una página anónima en Geocities y mucho menos esta columna. Yo lo vi y puedo atestiguarlo: DdU es uno y múltiple, creanme.

Y sin embargo, una vez más, tengo que discrepar del penúltimo editorial de Ciberpunk. Allí nuestro editorialista duda de que ese anónimo periodista debelador de su leyenda urbana sea Jaume Marcos, un traductor conocido de los ciberpunk por su peculiar versión de Wyrm. No obstante, alguien que se expresa como si fuese Jaume Marcos vuelve a denunciar a Ugarte desde la página de Geocities. ¿Existe Jaume Marcos? ¿Es él quien niega la existencia de mi tocayo? Tengo una teoría que proponerles al respecto.

Vayan a Google: tecleando Jaume Marcos llegamos a la página personal de un traductor aparentemente real. Y observen bien porque allí se encuentra la clave de todo este embrollo: esto es cosa de socinianos. Sólo un sociniano podía negar la existencia de David de Ugarte.

Sí, como lo oyen, adeptos de la doctrina de Lelio y Fausto Sozzini, dos reformadores religiosos del XVI. Ellos, como Servet, se distinguieron por su antitrinitarismo. Negaban la naturaleza divina de Cristo: para ellos, tan solo fue un hombre de dones extraordinarios. Un sociniano no admitirá jamás eso de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, Tres personas distintas y un solo Dios verdadero, etc.: Dios es uno y basta.

¿Comprenden ahora? Jaume Marcos declara en su página que es delegado del Consejo Internacional de Unitarios y Universalistas en España (vayan, vean y crean). Jaume Marcos es un discípulo de Socino y Servet.

Nosotros los católicos no tenemos dificultad en creer en un David de Ugarte uno y múltiple. Un sociniano como Jaume Marcos jamás lo podrá admitir. ¿No está ya claro quién es el autor de Ugarte, leyenda urbana?

Bin Laden se esconde en Barrio Sésamo

La guerra es un juego en red para adolescentes. Ese fue el mensaje que lanzó en 1983 Wargames, la película de John Badham. David, el protagonista, entraba casualmente con su modem en el ordenador del Departamento de Defensa estadounidense y echaba allí una partida a un juego titulado Global Thermonuclear Warfare. Así eran las cosas a principios de los ochenta: por confiar nuevas tecnologías -temían algunos- se dejaba el mundo en manos de adolescentes irresponsables.

A Mohamed Atta y los treintañeros que se estrellaron contra las Torres gemelas no se les daban tampoco mal los simuladores de vuelo. Pero ya no es como en los ochenta: nuestros adolescentes están con los buenos y se preparan jugando al Counterstrike, el juego en red de moda desde mucho antes del 11 de septiembre -si no lo conocen, ya lo habrán adivinado: comandos antiterroristas.

En suma, el relevo generacional también está en marcha en la guerra. Esto sonará extraño en un país como España, donde sólo se aprecian novedades generacionales en el mundo del espectáculo: el cine (Alejandro Amenábar), el fútbol (Raúl) o la literatura (Lucía Etxeberría). Uno de los méritos de nuestra generación es, por ejemplo, la consolidación de la caricatura política que en Inglaterra consagró Spitting Image quince años antes. Aunque lleguen con retraso, esos guionistas de Canal Plus quizá sean el producto más crítico que se conozca del Baby boom español. Nosotros no perdemos el tiempo las disquisiciones de Máximo, ese dibujante presuntamente profundo que tanto gusta a los cincuentones de El País. Si se trata de caricaturas, pongamos al duo Aznar/Pujol como Pierre Nodoyuna/Patán (los protagonistas de las Wacky Races de Hanna Barbera) y divirtámonos un rato.

Los juegos de nuestros coetaneos estadounidenses mueven el mundo. Nosotros, de momento, podemos presumir de la versión PC de _Torrente_. Por eso, agrada y sorprende descubrir que no estamos solos. Quién no se asombrará al descubrir que nuestro lenguaje político está cerca de esos jóvenes integristas que se manifestaban estos días en Bangladesh. La CNN informó ayer de que portaban carteles con las imágenes de Bin Laden y Blas -el del duo de Barrio Sésamo: Epi y Blas. Todavía estoy preguntándome qué tratan de decirnos. A ver si esta tarde pongo Lo + plus y me entero.

La evidencia: http://www.cnn.com/2001/US/10/11/muppets.binladen/

Con los austrias y con los borbones

Con los Austrias/y con los Borbones/perdimos nuestras posesiones. Lo más probable es que muchos de mis lectores ni sepan de qué va el ripio, pero si son españoles y están al tanto de los éxitos editoriales de la temporada, seguramente les vendrá a la cabeza Mater dolorosa, el libro de Álvarez Junco. Las posesiones eran el imperio español, claro.

Dice mucho sobre el autor eso de ponerle un título así a un ensayo sobre la idea de España (el subtítulo dice en el siglo XIX, pero empieza antes, y si vende tanto, es porque acaba después). El autor, José Álvarez Junco, asume como propio el programa vital de Stephen Daedalus -el personaje de Joyce-: zafarse de nacionalidad, lengua y religión. Y ya ven, hoy me pongo yo a escribir esta columna y me sale una canción de Los Nikis, El imperio contraataca. En algo me parezco a Junco: la cosa va de ilusiones adolescentes.

En su caso el dilema es claramente generacional: nacer y crecer en la España de Franco -como ocurría con la Irlanda de Joyce- invita a perderse en París. Pero no lo es menos en el mío: quienes nacimos en los setenta, sólo supimos de las ilusiones imperiales españolas por los cantos de Ultrasur cuando el Real Madrid jugaba la Copa de Europa. Un Imperio, intuíamos, era llegar a la décima. Más o menos eso venía a decir la canción de Los Nikis, pero con el baloncesto (Mira cómo gana la selección/España está aplastando a Yugoslavia/20 puntos arriba)

Quizá por eso si hoy Stephen Daedalus viajara de nuevo a París y se encontrase en plena efervescencia el debate sobre la teología política (Carl Schmitt mil veces reeditado), entender, no entendería nada: ¿pero qué hace esta gente discutiendo sobre delirios tan repugnantes, para mí que los he vivido?

Imagino que en eso consiste la distancia histórica: yo, que de niño nunca tuve que ir a misa, que de adolescente sólo conocí la ilusión imperial española en cantos hooligan, resulta que veo algo más que un delirio en todo eso. Quizá porque aprendí idiomas muy pronto y pude acceder a títulos de Cambridge University Press y Presses Universitaires de France donde se explica de qué va esa tradición medieval, de la que tanto disfrutamos en España en los 40 años de Franco. Suárez (Francisco, S.J.) resulta interesante, vaya, por muy escolástico e imperialista que sea su pensamiento. Quizá por esa misma distancia histórica, Alvarez Junco no cita ninguno.

Una juventud revisionista, pensarán nuestros mayores. ¿Revisionista? Confieso que leí el libro de Álvarez Junco en busca de alternativas liberales para pensar la Historia de España, y el caso es que poco encuentras aparte de imperialismo y catolicismo hasta llegar al patriotismo constitucional. Por mucho que no nos guste. ¿No habría que tomárselo con un poco más de rigor, en vez de como un episodio de psicología social folk? Será cuestión de que pase el tiempo. De momento, al Madrid sólo le falta una para llegar a la 10 (y parece que se la van a conseguir un portugués y un francés de origen argelino).

PD: ¿Y el ciberpunk? Pues que Los Nikis también están en Gnutella (¿Seremos de nuevo un imperio?)

Harry Potter neoludita

Como todos sabrán ya, Ned Ludd fue un obrero del textil que destrozó una máquina tejedora, a principios del XIX, por amenazar su propia supervivencia. Neoluditas son hoy quienes se oponen a quienes tejemos digitalmente redes de comunicación con ayuda de un ordenador. ¿Cuántos son? Confieso mi ignorancia: 122 entradas en el Google anglosajón, ¿son muchas o pocas para un movimiento que, justamente, se niega a utilizar el PC?

Pero los neoludditas estarán de enhorabuena estas navidades, pues suyo es el aliado más poderoso, la llave de la infancia. Harry Potter, el aprendiz de mago en Hogwarts, es un neoludita con 1,820,000 entradas en Google. Ya me estoy imaginando su expresión de escepticismo, pero créanme: vi la película, lo busqué en los libros, consulté con amigos expertos y se lo puedo asegurar. Harry Potter es un neoludita.

Los magos de J.K.Rowling no usan ordenadores, sólo quienes no disponen de poderes mágicos (técnicamente muggles) se sirven de ellos para suplir su carencia. Tampoco usan coches o aviones, ni altavoces o aspiradoras. Pero tienen equivalentes mágicos para viajar, amplificar la voz o limpiar su cuarto. En cambio, cuando tienen que transmitir un mensaje usan una lechuza y si tienen que buscar información -y he aquí lo grave- sólo usan libros o periódicos en papel, sin un Ctrl+f mágico.

Como debe ser, me dirá algún neoludita [pero véase Ctrl+f os hará libres etc., etc.]. ¿De verdad lo cree así? Viendo cómo los usan ahora, yo me imagino más bien una generación que dentro de veinte años no sabrá vivir sin un ordenador [si me piden más detalles: de bolsillo y conectado inalámbricamente a la red]. Una generación que sólo recordará la lectura en papel por los cuatro volúmenes de Harry Potter que leyeron en su infancia. Y rodeados de “magia” muggle a su alrededor, creerán que la buena es la de las varitas, la de ese mundo de Hogwarts donde se usaba para todo menos para procesar información. En el 2030 -¡ay!- la Humanidad seguirá soñando con escobas voladoras. ¿Se dan cuenta qué de neoluditas frustrados se están gestando estas Navidades?

Google y la fenomenología del espíritu

Me temo que el título que en esta ocasión les propongo les dividirá: muchos conocerán Google, pero no sabrán nada de espíritus fenomenológicos, y a otros (pocos, creo) les ocurrirá lo contrario. Pensarán de inmediato en Hegel, y recordarán su gran ensayo de 1807, así titulado: Fenomenología del espíritu, pero sin Google. Pues bien, a estos últimos, si alguno queda, les digo que no tendrán más remedio que visitar Google (y, en particular,http://www.google.com/press/zeitgeist.html) si algo quieren saber del espíritu de nuestro tiempo (que eso significa Zeitgeist).

Decía Hegel en 1807 que había hechos espirituales objetivos que existían más allá de nuestra conciencia subjetiva individual: el Estado, el arte, la religión o la historia. Igual de espirituales y objetivas son las preferencias expresadas por los navegantes de todo el mundo en sus consultas a Google durante el 2001. ¿O es que Hegel puede competir 150 millones de búsquedas diarias?

El ansia subjetiva que domina al navegante en busca de Britney Spears le impedirá apercibirse de la objetividad de su deseo: Britney ocupa el nº 1 en el Top 10 Women 2001. ¡Qué tontería!, pensamos muchos, al saber que la caída de las Torres se contaba entre las profecías de Nostradamus: pues nuestro desprecio subjetivo no explicará que su nombre ocupe también el nº1 en las Top 20 Gaining Queries 2001. Resulta que el atentado en el World Trade Center sirvió a un experimento de marketing viral masivo (¡Por favor, que David de Ugarte nos dé una explicación!). Ah, y por si alguien tenía dudas a propósito de la última editorial de ciberpunk.com, que sepa que Harry Potter va por delante del Señor de los Anillos en el Top 10 Movies.

¿Qué se puede concluir de todo esto? Que el espíritu de nuestro tiempo es mudable, dirán algunos: en el 2001 ganó Nostradamus, pero quien más pierde es Pokemon. ¿Cuántos Top ten de hoy seguirán allí en el 2002? Yo creo, en cambio, que Hegel llevaba razón, aunque se quedase corto. Por muchos ateos y anarquistas que sumemos, el Estado y la religión siguen hoy tan presentes como en el siglo XIX. Por muchos que sean los neoluditas que se opongan, Google (las comunicaciones en red) será el espíritu objetivo del Tercer milenio.

Stat rosa pristina nomine

En 1980, Umberto Eco publicó su traducción italiana de la versión francesa de un manuscrito en latín del siglo XIV. Lo tituló El nombre de la rosa y era, hoy lo sé, la novela de un semiólogo. De la primitiva rosa solo nos queda el nombre, conservamos nombres desnudos. Así como aquella inmensa biblioteca abacial se quedo en ceniza y jirones de pergamino, para Adso de Melk, el narrador, su vida al final de sus días no era nada más que nombres

He pensado a menudo en Adso todos estos años. Leí su relato casi al tiempo que tuve mi primer Spectrum, aunque entonces era un niño al que solo conmovía la desolación de una biblioteca en llamas. Hoy, mi disco duro es Alejandría, y como aquellos viejos rollos de papiro, los textos se van sucediendo inacabables en el scroll de mi pantalla. Todo arde de tiempo en tiempo (format c:/s), y renace luego de sus cenizas (copy *.*)

Y, sin embargo, mi vida son ya sólo nombres, nomina nuda. Son tantas las cosas que en ella suceden en modo solo texto que no tendré que esperar al ultimo de mis días para convertirla en relato. Miles de correos puntúan cada una de las horas de estos últimos años. Aunque nunca usé el chat, si he participado en incontables listas y foros, fluyeron cientos de archivos adosados, descargue PDFs, vacié FTPs… Todo nomina nuda, todo aún presente en alguna parte de mi. De mi yo múltiple.

¿Acaso soy yo entonces algo mas que un nombre? Quizás así lo pensase el joven novicio de Melk en aquella noche de desesperación en la abadía: Del único amor terrenal de mi vida no sabía, ni supe jamás, el nombre. ¿Quién podrá hoy decir, de entre todos ellos, el mío?

Enlaces recomendados
Página personal del Umberto Eco

I said a hip hop (Nación Aserejé)

I said a hip hop. O si lo quieren decir como triunfa en España este verano: “aserejé”, que así se entiende a Sugar Hill en Córdoba. Y triunfa en España, es la canción del verano en el 2002. Pero no es algo nuevo. Yo de niño era de los que quería aprender inglés para poder cantar las letras que les escuchaba a Boney M en 300 millones. Pero querer no es poder. Pongamos que oyese algo así como: say up jumped the boogie to the rhythm of the boogie, the beat. Inevitablemente me salía algo así como: sebiunouva majabi an de bugui an de buididipí

Pero no era el único, claro. Nací a la vida adulta cuando escuché cómo José Luis Garci agradecía su Oscar en una noche memorable. Aquello era Hollywood, pero su inglés era como el de mis 300 millones, y la integración europea se prometía traumática. ¿Cómo íbamos a contribuir al concierto de las naciones, si apenas se nos entendía?

La respuesta vino en 1992, en la clausura de los Juegos Olímpicos: unos rumberos catalanes llamados Los Manolos ofrecían al mundo entero una versión del All my loving (lailolailolai), que maravilló al propio Paul McCartney. No entendía nada, pero agradecía un homenaje tan divertido.

En mi propia vida académica, pude a menudo experimentar el efecto Aserejé: un prestigioso profesor español parafraseando ideas de un autor anglosajón ante el propio autor, perplejo. Pero luego aplaudía. La satisfacción con the rhythm of the boogie, the beat, supongo.

Y así por todas partes, pensemos solo en la política: no sé muy bien cómo se entienden José María Aznar y su amigo Tony Blair, pero me imagino que a éste le va también bastante el ritmo del boogie, porque la letra ya se la imagina: se la había puesto él. Y así antes González an de buididipí. ¿Cuántos más todavía?

Somos ya una nación europea (I said a hip hop): el aserejé es nuestro himno.

Las pruebas:
Rapper’s delight
Aserejé

Más vale ciberpunko…

¿Por qué no una canción del verano para ciberpunk? He aquí la cuestión: apelando a la memoria de la infancia se puede obtener el éxito. Rapper’s delight es de 1979, y ya les confesaba el otro día que del I said a hip hop yo tampoco retuvé más que aserejé. Pero, ya saben, aquí nos importa la letra, de modo que puestos a buscar en la infancia otro éxito, caí en la cuenta de lo obvio: ¿Cuándo se come aquí?. Para los no avisados: Siniestro Total, unos gallegos que a mi infancia no le sonaban menos exóticos que Sugar Hill, aunque editasen aquel primer LP tres años después, en 1982; en 1983 vino Siniestro total II (El regreso) y al año siguiente Menos mal que nos queda Portugal. Vayan aquí entonces unas cuantas propuestas: el verano del 2005/2006/2007 será ciberpunk o no será.

Y es que la clave del éxito no es distinta. He tardado 23 años en darme cuenta de que el aserejé que cantaba yo entonces es, en realidad, I said a hip. Pero claro, quién podía pensar en el 11 de septiembre del 2001 al cantar aquello de Ayatolah, no nos toques la pirola:

Sólo vine a comprar pan
y a mí todo me sale mal
sólo vine a comprar pan
y me enseñasteis el Corán

Si aquella mañana me hubiese acercado por Manhattan a por una barra, estoy seguro de que todavía la estaría tarareando [Freud, El chiste y su relación con lo inconsciente]. Otra perla. Hoy me pongo a releer a Luc Ferry (Le Nouvel Ordre Ecologique) y suena incesante lo siguiente:

Los ecologistas están en la hierba
y todas sus partes se llenan de mierda

Y así sucesivamente, una tras otra, voy encontrando letra y música de tantas obsesiones del día a día: el conflicto palestino, da igual el bando (Do the mutilation: Opera tu fimosis, Decídete ya, por favor, No lo pienses mas); la crisis bursatil argentina (El sudaca nos ataca, en la pampa mata vacas y paga a los mercenarios con dinero agropecuario)… Y tantas otras con las que, sinceramente, no me atrevo.

El mundo al revés. Nosotros, tan ilustrados y románticos, también ocultamos un aserejé. Presumiremos de educación política, de lecturas exquisitas que nos distingan del progre y el PC, y allí en nuestra infancia se nos revela la verdad: Tú también, Ciberpunk, eres hijo del progre. Siniestro total: la Movida gallega, la misma estirpe que Adolfo Domínguez y, ya puestos, Manu Chao. Lo peor. Y bien, llevo el estigma, pero lo llevo cantando: ayer Bryan Ferry, hoy Suárez Illana: Más vale ciberpunkie que maricón de playas.

Las pruebas:
Letras
Más letras
Y más letras

Hasta aquí, mamón

Llega el otoño y vuelvo a pasarme por Los cuadernos del negro, en busca de nuevas maldades de Esteban Ormeche. Y la maldad aquí no es sólo la denuncia. Es divertido, sí, imaginar a Vicente Urnieta tecleando en su navegador www.elnegro.net, esa página que algún conocido le invita a visitar maliciosamente. Pero más divertido es fantasear con su reacción cuando, aún atónito, descubra lo que Ormeche le redactaba para publicarlo con su nombre. Nada más cruel que poner argumentos ingeniosos en manos de quien no sabe escribir sus propios artículos. Y nada más despreciable que firmarlos sin leerlos. ¿Podrá ahora el denunciado apropiárselos y defenderlos como suyos?

A este Vicente Urnieta, un economista que quiere quedar bien con todos, le ofrece un argumento envenenado para poner de acuerdo a gobierno y sindicatos, tras la huelga del 20-J. Si aquél se pretende auténticamente liberal, no le molestará que los sindicalistas vivan del erario público, y no de las cuotas de sus afiliados. Al fin y al cabo, miran por su propio interés y saben que allí tienen su renta. Y si el gobierno quiere reformar el mercado laborar sin desórdenes, nada mejor para negociar con los sindicatos que controlar el salario de sus dirigentes. Están condenados a entenderse.

Cuánta maldad la de Ormeche, servirle una conspiración marxiana -la corrupción de los sindicatos- a un pretendido economista liberal como Vicente Urnieta. Pero deja un cabo suelto: ¿por qué dejó entonces de negociar el gobierno el 20-J, se pregunta Ormeche? Ahora que Urnieta no tiene ya quien le escriba, le ofrezco desde aquí mis servicios. Superemos a su negro: si Ormeche piensa en marxista, recurramos nosotros a John Nash, la mente maravillosa. Princeton, 1950: Nash, Lloyd Shapley, Martin Shubik y John McCarthy, cuatro grandes matemáticos, se inventan un jueguecito para pasar las tardes. Se juega con fichas de poker y para ganar es indispensable formar primero coaliciones y luego romperlas, crear lealtades y después traicionarlas. Lo bautizaron So long, sucker (Hasta aquí, mamón).

¿No tenemos aquí, Vicente, la inspiración que necesitas para superar a Ormeche? Tu negro argumenta como si todo en política consistiese en formar coaliciones, pero el acuerdo nunca será duradero en una democracia donde se compite por el voto. Y ganará quien sepa aprovecharse de la coalición rompiéndola en el momento oportuno. John McCarthy recuerda sus enfados jugando con Nash, cuando éste le traicionaba en la penúltima ronda. Pero si ya no te necesito, le contestaba. Así también, tras varios años de acuerdo, José María Aznar, la mente maravillosa de nuestra democracia, aprobó una reforma laboral que suponía un Hasta aquí, mamones para UGT y CCOO, ya no os necesito.

Urnieta, también tú jugaste al Hasta aquí, mamón con tu negro, y cree que te tiene derrotado. Contrátame, formemos coalición, y demostrémosle cuánto te necesita.

Aznar, en el corazón de las tinieblas

Ahora que el verano acaba, déjenme recomendarles un remedio contra el mal de agosto, ese dolor de cabeza insoportable que experimenta quien se abandona a la lectura diaria de suplementos veraniegos. Olvídese de Elvira Lindo y lea Los cuadernos del negro, la colección de artículos que Esteban Ormeche nos ofrece en elnegro.net. Su autor tiene todo el encanto del heterónimo: ¿quién es este negro al servicio de periodistas, profesores y todo aquel dispuesto a pagar por un artículo exquisito?

Y lo son, ciertamente. Mi último descubrimiento, esta tarde: ¿alguien pudo pensar alguna vez en José María Aznar como el Kurtz de El corazón de las tinieblas? Recordémoslo, aquel prodigioso agente de una compañía belga a la que proveía de increibles cantidades de marfil en las profundidades de la selva congolesa. Su secreto: sus pobladores le adoraban.

Tenemos, necesariamente, que parecerles (a los salvajes) seres sobrenaturales; nos acercamos a ellos con el mismo poder de una deidad. Así decía su informe para la Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes.

Así también se nos presenta el Aznar de Ormeche, reformando por decreto el mercado laboral y ordenando sobre los jueces la cuestión nacional española. Le adoramos, es evidente. De otro modo no se podría explicar este silencio idólatra ante la ley de partidos: ¡Exterminar a todos los salvajes!, clama nuestro Kurtz. Y desde la selva le responde un coro rugiente. ¿Entiende usted esto? -le pregunta Ormeche/Marlow. Cómo no, responde jadeante Kurtz/Aznar.

Pero Kurtz agoniza en su viaje de vuelta a la lejana Bruselas donde le espera su prometida y la gloria. También se le agota la legislatura a José María Aznar y, como Kurtz, la suya era una oscuridad impenetrable. ¿Suprimirá con su ley de partidos las costumbres salvajes (Tenía planes inmensos)? ¿Qué cree que nos deja con ella? En la cara de nuestro Kurtz, se ve también la expresión del orgullo sombrío, del poder despiadado, del terror pavoroso. Nuestro Kurtz susurra en una exhalación: ¡El Horror! ¡El Horror!. Gracias a Esteban Ormeche por recordárnoslo.

La ley de partidos, ay…

En los setenta y ochenta se extendió entre lo más selecto de los jueces y teóricos del Derecho (de izquierdas) la propuesta de interpretar la ley a favor de la Historia, esto es, contribuir con las sentencias al advenimiento de la Revolución, interpretando la ley en una perspectiva política. Dicho con propiedad: Practicar el uso alternativo del derecho significa reintegrar las instituciones jurídicas al interior de las contradicciones sociales y de las relaciones histórico-materiales y, en el seno de nuestro marco geográfico-cultural, restituir a las clases subalternas la capacidad creativa de la historia. Pongamos el [sic], por si alguien lo duda.

A mí me da que al juez Garzón le tentó siempre esta posibilidad. En España, las clases subalternas no sabíamos qué hacer para librarnos de Herri Batasuna, un partido político cuya función en nuestro marco geográfico-cultural parece ser inyectar contradicciones sociales (operar dentro de la legalidad española para destruirla). El problema es que todos sospechamos que tal partido político está en unas relaciones histórico-materiales de dependencia de una organización terrorista (ETA). Pero a ver quién lo evita desde nuestras instituciones jurídicas, que por lo visto no tenían demasiado claro para qué queremos aquí un partido político. No teníamos ley para ello.

Así, Garzón sería un rojo peligroso, un subversivo. Su planteamiento: si no tenemos ley de partidos, hagamos un uso alternativo del derecho y apliquémosle el Código Penal a Herri Batasuna. Aunque el artículo 129 no hable de partidos políticos, tomémosles por asociación y cerrémosla. Subvirtamos el orden político desde la misma Ley. Restituyamos a los españoles la “capacidad creativa” de la Historia, y salvémosles de la secesión terrorista. Años ya de instrucción lleva ya nuestro iusalternativista en el empeño. Y la Revolución adviene: como sigan así las cosas, HB no dura una semana en la Audiencia Nacional.

Qué escándalo para nuestras legisladores, un juez irredento aprovechándose de la ausencia de una ley de partidos para subvertir nuestro orden político con el Código Penal en la mano. Como si los de HB fuesen unos vulgares delincuentes. No, esto no podía ser: socialistas y populares tenían que evitar la subversión. Hay un vacío: llenémoslo. Si no hay ley para ilegalizar a HB, la aprobamos ahora mismo. ¿Qué se les puede probar? ¿Que no condenan atentados? Pues con eso basta. Al parlamento, paremos al rojo Garzón, no sea que su capacidad creativa destruya nuestras relaciones histórico-materiales.

Digo yo que esto es lo que está ocurriendo ahora mismo en España, ¿no? Lo contrario sería un Parlamento subvirtiendo el orden constitucional ilegalizando por no condenar, cuando un juez está a punto de alcanzar el mismo objetivo aplicando de modo ordinario Código Penal. Pero el nuestro no es un Parlamento de rojos subversivos… ¿o sí?

Insert coin (Game Over, Gallardón)

Una y otra vez, el Spectrum. Durante años tuve que soportar que mis padres y los padres de mis amigos, dijesen que el ordenador era sólo para jugar. Pero tampoco se quejaban: les salía más barato que destrozásemos el joystick en casa, jugando al Dale Thompson’s Decathlon (Ocean, 1985), que adelantarnos la paga para aspirar al campeonato olímpico en cualquier sala de recreativos.

Y ahí empezó la rebelión: aunque no quisieran verlo, nuestro Spectrum era algo más que un videojuego. Jugábamos sí, pero algunos acabamos programando (aunque fuesen juegos). Aprendí a usar variables para controlar el movimiento de mi marciano por la pantalla de la televisión, y hoy las uso en el script que actualiza la lista de correo con las que mis alumnos reciben apuntes de mis clases. El principio es el mismo: instruir deleitando, que decía Sade.

Cuando hoy supe de las intenciones de nuestro presidente autonómico, volvieron mis viejos fantasmas: Insert coin. Transformar los ordenadores del cibercafé en máquinas recreativas homologadas, para evitar la competencia desleal que suponen los juegos en red me devuelve a la incomprensión de la infancia. Es cierto, a muchos el ordenador sólo les sirve para jugar, igual que a otros tantos navegan sólo por la pornografía. Pero pocas veces fue más cierto aquello de vicios privados, virtudes públicas. Pues todos esos jugadores posibilitan que tengamos ordenadores abiertos a la red en cualquier esquina, que la información fluya en cualquier barrio. ¿Serás tú, Gallardón, nuestro Game Over? Si es así, tú eres el marciano. Te esperamos en las próximas elecciones: el PP va a saber lo poco que nos cuesta pasar pantalla.

Neo en Bagdad

My feelings – as usual – we will slaughter them all. Esas eran las palabras de Muhammed Saeed al-Sahaf ante la prensa mundial en plena invasión de Irak. Al-Sahaf ejercía entonces como ministro portavoz del régimen de Sadam, pero se expresaba como cualquier viejo jugador del Doom (Kill’m all). Comprendí entonces que esta era una guerra de la cultura digital. ¿Sólo en Irak? No, bastaba con visitar las páginas de cualquier periódico occidental para encontrar fascinantes almacenes de armas en forma de animación descargable: bastaba pulsar un botón y en tu disco duro comenzaban a desplegarse aviones, misiles, municiones,… The Matrix: ¿Cómo no recordar aquella inmnesa sala blanca convertida de repente en arsenal virtual en la que Neo y Trinity se surtían a voluntad?

Así titulan Matrix 2: Recargada. Saben lo que nos gusta. En Matrix 1 Neo aprendía a jugar contra los agentes como cualquier hijo de vecino (perdiendo); en la 2 sabe ya lo que es la invulnerabilidad (¡una pelea contra 200 agentes Smith!), los atajos para pasar de pantalla, las “vidas infinitas”… Como suele decirse, Neo juega en Modo Dios. Así es la juventud digital, puesta a disfrutar de la guerra. Y, después de Irak 2.0, entre los chavales estadounidenses, aumenta por primera vez en décadas la popularidad del ejército.

¿Cómo no? He conquistado imperios, he explorado mundos, he destruido ejércitos…, decía un chaval en un anuncio televisivo. Era la Playstation, claro: el chaval salía de la oficina. Our initial assessment is that they will all die, decía desde la suya el ministro iraquí. Al Sahaf quería ser Neo en Bagdad. El agente Smith le tuvo que explicar quién controlaba The Matrix (en prosa: de quién era la consola).

Las pruebas:
http://www.welovetheiraqiinformationminister.com

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