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Conferencia Global de Ciberpunk y Cibercultura (Praga)

David de Ugarte nos representa en la I Conferencia Global sobre Ciberpunk y Cibercultura en Praga.

David escribió un resumen de los temas tratados en la Bitácora de las Indias.

En la conferencia presentamos la siguiente ponencia:

No digas que fue un sueño

Ponencia para la I Conferencia Internacional sobre Ciberpunk y Cibercultura (Praga, 2003).

Una vieja máxima ciberpunk nos recuerda que el futuro deseado influye más en el presente que el pasado. Este paper se pregunta, a través de la práctica del movimiento en España, si el ciberpunk, mediante su forma de relatar, está intentando configurar conscientemente mitos sobre el futuro como forma de actuar políticamente en el presente.

Introducción

Este paper surgió a partir de una doble reflexión, una estética y otra política. La estética parte de la crítica de la identificación del ciberpunk con una sensibilidad estríctamente romántica que,sin embargo, se conjuga con un rechazo explícito a las bases míticas del romanticismo continental, en especial el alemán. La política, de la necesidad de explicar los cambios históricos que una parte de nuestra generación ha protagonizado en los últimos quince años; necesidad que expresaba una voluntad de tomar las riendas, de erguir una nueva forma de ingeniería social. Una necesidad que, sin duda, se traduce en hechos como la conversión de la memética de discurso marginal a cultura de red con ramificaciones académicas.

Romanticismo y Ciberpunk

El terror jacobino y las guerras napoleónicas supusieron el fin del optimismo ilustrado. Una generación volvió del horror -sobre todo el de la guerra peninsular- con un nuevo concepto de lo que significaba e implicaba la libertad. Potocki escribe “Manuscrito encontrado en Zaragoza”. Triunfa “El Monje”. La ambientación española de estas primeras novelas góticas no es casual, la guerra peninsular representa en el imaginario de la época algo parecido a lo que la Amazonía de Aguirre en el XVII, Congo en la época victoriana y Vietnam en el último cuarto del siglo XX: horror, oscuridad, irracionalidad, atracción.

No es casual el gusto romántico por esta aproximación desde lo fantástico con formatos de “literatura popular” y formas de relato que enraízan en el cuento tradicional y la creencia rural. En la forma se muestran los valores: “La independencia en materia de gusto es complemento necesario de la libertad individual” (Vitet). El individualismo en el gusto es más militante que el discurso pues muchos pensarán que “el romanticismo, si se lo considera en su aspecto militante, no es otra cosa que el liberalismo en literatura” (Victor Hugo).

¿Cabe el paralelismo o el símil con el ciberpunk? ¿Es lo suficientemente fuerte para explicar el movimiento como un brote neorromántico? Desde luego buscar el estante de la literatura de masas por excelencia no deja de tener paralelismo en este sentido con la vindicación de la novela gótica. Autores como PK Dick o Alfred Bester podrían haber jugado, frente a la ciencia ficción clásica y futuriana, el papel que la novela gótica frente al relato ejemplarizante. Podríamos aceptar también que el shock tecnológico de la primera generación que vive la cultura ciberpunk fue comparable a las primeras convulsiones del nacimiento del industrialismo; y las revoluciones centroeuropeas de finales de los 80 y principios de los 90, equiparables al nacimiento de los nacionalismos liberales europeos. También habría una actitud frente a la tecnología que permitiría encontrar ciertos paralelismos: expectación y temor a sus consecuencias en relación con el poder, fascinación y, en muchos casos, un conocimiento técnico real.

Sin embargo, en todo este marco había un elemento llamativo: el ciberpunk habla del presente (Pat Cadigan), en escenarios futuribles o pasados alternativos (steampunk). El relato gótico recurre una y otra vez al pasado, prefigurando así la novela romántica nacionalista. Constatar esta diferencia nos lleva a una pregunta interesante. De una forma gruesa podríamos aceptar que el liberalismo romántico original buscaba transformar su presente a partir de la creación de un mito en el pasado, fundamentalmente el mito nacional. ¿Estaba intentando el ciberpunk configurar mitos sobre el futuro como forma de actuar en el presente? Responder a esta pregunta supuso una buena dosis de autocrítica para los que durante los 90 y hasta el 2002 trabajábamos alrededor del ezine ciberpunk.com. Autocrítica que pronto fue más allá de la crítica literaria para adentrarse en los elementos ideológicos comunes que a lo largo de los 90 irán configurando el ciberactivismo y la cibercultura, elementos como la memética, el discurso sobre la identidad o el libertarismo.

Cuando el papel de la fantasía se hace consciente

El Diccionario del Ciberespacio (publicado originalmente en 1996 por ciberpunk.com a partir de un trabajo en alemán de Manuel Derra y hoy alojado en sitios como www.cienciaficcion.com y www.ciberpunk.info) incluía el término “fantasmas semióticos”:

Elementos de la cultura popular que se mantienen a lo largo del tiempo independientemente del desarrollo real de la tecnología (quien puede haber superado lo que un día se imaginaba como futuro). Estos “fantasmas” se siguen asociando a “futuro” aunque el presente ya haya llegado más lejos. En cierta forma pertenecen a un “futuro alternativo”. Por ejemplo los trajes plateados, las naves espaciales en forma de platillo, las casas inteligentes y los coches que vuelan.

Es un tema que aparece ya en “El continuo de Gernsback”, el primer relato de William Gibson, definido como “trozos de imaginería cultural profunda que se han desprendido y adquirido vida propia”.

Este relato es “liberado” en español (es decir traducido y colocado en la web a libre disposión aún a pesar de no contar con sus derechos) en 1999, el año en el que aparece la primeras referencias en español sobre memética. No es casual. 1998 es el año de la “Huelga de la Tarifa Plana”, la primera huelga de usuarios de internet en el mundo. En España, Internet aparecerá como terreno político (frente al monopolio Telefónica más que frente al estado) antes que como terreno para la especulación financiera (la “burbuja .com” española se puede datar en las navidades de 1999, con la fundación por Telefónica de Terra, luego Terra-Lycos).

Memética y fantasmas semióticos se incorporan pues a la reflexión política que sigue a la huelga de la Tarifa Plana. El concepto no es nuevo. En realidad informa ya “La Tempestad” y llega a la cultura de masas a través de sus primeras adaptaciones pulp, como “Forbbiden Planet”. En los nuevos planetas,
en las islas ignotas, en la frontera, el sueño puede configurar la realidad. Un concepto que aparece en todo el imaginario de las Indias y la conquista española de América (“las cosas eran tan nuevas que no tenían nombre” dice García Márquez en “Cien años de Soledad”)

Pero la idea del fantasma semiótico es más profunda. El fantasma es un resto, una cristalización de un futuro soñado en el pasado que nunca llegó a ser. Puede que su influencia actual sea meramente estética (los cromados, los coches aerodinámicos…) o anecdótica (el teflón de las sartenes, el tubo de la pasta de dientes), pero el hecho es que el relato del futuro puede ser tan poderoso a la hora de construir la realidad como los mitos del pasado. La diferencia es que la construcción del pasado, la historización popular, es monopolio de los grandes media y del sistema educativo estatal (la Historia a fin de cuentas es el fundamento de la identidad nacional).

Pero en la segunda mitad de los noventa, cuando Internet eclosiona en España, los “tekis” son escuchados sobre cómo va a ser el futuro. La naciente comunidad ciberactivista empieza a ser consciente de que el relato del futuro es un arma política y un instrumento de poder.

Esto es lo que subyace bajo el naciente interés por la memética. La memética no existía prácticamente fuera de Internet. No había, hasta finales de 2001, cuando se tradujo a Susan Blackmore, un sólo libro sobre el tema en español. Era un arcano que trascendía las fronteras de lo establecido tanto académica como públicamente. Hablar de memética implicaba por tanto aceptar una identidad teki.

Por otro lado la memética reivindica su voluntad de ingeniería social. Se pretende también técnica para diseñar conscientemente mitos colectivos. Y esto es lo que el ciberactivismo de los 90 necesitaba para salir de la marginalidad de la red y entrar en la agenda social y política.

De la memética a la mitopoiesis: Voluntad, programa y mito

Neal Stephenson vió publicadas en español sus novelas principales a lo largo de la década de los 90. No tuvieron un éxito excesivo. “Snow Crash”, traducida por una pequeña librería de Barcelona (Gilgamesh), no salió del pequeño y viejo circuito de los fanáticos de la ciencia ficción hasta 2002.La publicación de “Criptonomicon” (la novela de ciencia ficción de un autor vivo más vendida en España junto a “Neuromante”) permitió la reedición y su salida a un círculo más amplio a través de las grandes cadenas de librerías como FNAC o “Casa del Libro”.

Con años de retraso “Snow Crash” se convertiría en un referente ideológico. Stephenson propone volver al sortilegio, al nam-shub sumerio, sobre la vieja idea de la palabra creadora. La segunda edición de “Snow Crash” marca el paso de la memética a la mitopoiesis. Tampoco es casualidad que los años 2002 y 2003 sean los de la eclosión política del ciberpunk y el ciberactivismo.

En 2002, el movimiento cristalizado asociativamente en torno a la huelga del 98 (la Asociación de Internautas) se había convertido en una asociación de consumidores. Cuando aparece el primer intento integral de “regulación legal de Internet”, en verano de ese mismo año, el peso de la oposición caerá en el grupo que rodeaba al ezine “Kriptopolis”, el centro de los cipherpunks españoles.

La Asociación de Internautas tomará una postura conciliadora con el gobierno a pesar del rechazo casi unánime de la comunidad cibernauta española y la ley será aprobada sin problemas. El contraste y el fracaso transmitirán la idea de una identidad, de una “netnation” separada del país oficial y unida por una cultura y unos lazos de solidaridad propios.

Ese mismo verano los ciberlibertarios del ezine ciberpunk.com se convertirán en asociación de derechos civiles (ciberpunk.org) . Los problemas para conseguir su legalización serán públicos y darán pie a un cierto debate en prensa y webs que acabará con una campaña de mailings masivos a los responsables tecnológicos de los partidos, preguntas parlamentarias y su aceptación final en el registro.

En navidades, una combinación de marketing “mítico” y nuevas formas de organización les permitirá poner en marcha una campaña contra la ley madrileña de cibercafés que se saldará con la primera retirada de un proyecto de ley tecnológico por una administración europea. La propia Wired News lo saludaba en portada con un “Olé, olé: Cyberright activists log a win”. Era la primera muestra de que la creación colectiva de mitos podía introducir la perspectiva ciberpunk en la agenda política. Los ciberactivistas tenían poder sobre el relato del futuro aceptado socialmente y eso les permitía actuar en el presente.

Pero lo más llamativo estaba por venir. En el 2003 se desarrollará lo que se ha llamado la “batalla del software libre”. El mito creado comunitariamente generará el primer cambio de soporte tecnológico en una administración europea (de Microsoft a GNU-Linux), la implantación masiva de Internet en la
educación (Extremadura, Andalucía) y el progresivo protagonismo en la agenda política (Zaragoza, Valencia) de la política tecnológica… y de los “tekis”, ahora convertidos en “voz a escuchar” cuando no en asesores directos de los políticos.

La elecciones municipales de 2003 y el protagonismo de la cuestión del software libre en Zaragoza marcarán a este respecto un punto de no retorno. Un grupo de activistas vinculados a ciberpunk.org asesoró al candidato socialista a la alcaldía. Centraron la campaña en la propuesta de convertir la ciudad en la capital europea del software libre. La publicación del relato de un enfrentamiento hipotético con los grandes monopolios del software en vísperas de la visita a España del vicepresidente de Microsoft centraría la actualidad local y se convertiría en realidad por fuerza del propio relato. Los temas de los ciberpunk volvían al protagonismo general: Spanish consider putting on Tux (Wired News 9 de mayo).

Zaragoza sería la única de las diez principales ciudades españolas que cambiara políticamente de manos en esas elecciones. Y lo que es más importante, cambiaba su propia identidad colectiva. El ejemplo llamó la atención de otros políticos: los ciberpunk españoles se definen como libertarios, sin embargo impulsan a la alcaldía a un candidato socialista. La ideología del ciberactivismo se demostraba no encuadrable en los ámbitos ideológicos tradicionales: buscaba realizar su propio programa y era capaz de intercambiar discurso de futuro (con rentas inmediatas para los políticos) a cambio de realizaciones institucionales.

La ingeniería del presente: el poder del mito

La forma de pensar y actuar políticamente de la comunidad ciberpunk y ciberactivista española conduce al fin a algo diferente del “howto” memético. A una forma de mitificar que podríamos resumir en la tríada voluntad-programa-mito. Voluntad como deseo de un futuro, programa como diseño consciente de éste y creación del mito, del discurso sobre como será el futuro, como palanca para condicionar la actividad propia y ajena en el presente.

Es seguramente por ésto que el movimiento ciberactivista español no ha producido tanto una novelística (utiliza y se identifica selectiva y secuencialmente como hemos visto, con el ciberpunk americano) sino una ensayística web-published.

El último gran proyecto colectivo en este sentido -“Como una enredadera y no como un árbol
– podría entenderse como la cristalización de toda esta “filosofía ciberpunk del mito de futuro” que ya ha funcionado con los mitos del software libre. En menos de 5 meses ha agrupado en distintos niveles a más de 1300 personas. En su propia organización -tomada de las comunidades de desarrollo del software libre-
es una máquina social diseñada para generar su propio mito: “el mundo tiende a organizarse como una comunidad de sofware libre y a adoptar formas de propiedad cercanas al copyleft”.

En su distribución se ve la huella de la memética de los 90: este otoño se editará el libro en papel que se distribuirá gratuitamente… como forma de promocionar los archivos electrónicos de autoedición. El objetivo es que cualquiera edite en papel y venda el libro (de hecho una primera recolección de capítulos aparecera en septiembre en una revista linuxera en papel)… y que cualquiera participe en su elaboración proponiendo cambios en los llamados “capítulos semilla” a través de la web mediante un Wiki (programa de software libre utilizado para la edición colectiva).

Pero “Como una enredadera…” va más lejos. Pretende ser “Una historia del nacimiento de la Sociedad de la Información y sus guerras fundacionales escrita por la comunidad tecnológica”.Guerras fundacionales que no son otras que el trasunto épico de las propias confrontaciones del movimiento con el estado y las corporaciones: mito fundacional de la net-nation, saga épica del relato del futuro que los
ciberpunk desean. La carga de profundidad es doble: la interpretación se hace explícita pero también nace en el consenso por su propia forma de organizar la redacción.

Conclusiones

A través de la breve historia del movimiento ciberpunk en España hemos visto cómo el relato del futuro sustituye a la invención del pasado como base para la creación de identidades colectivas. El futuro influye más en el presente que el pasado. El futuro deseado, no el real. Podemos decir que el movimiento ciberpunk, tanto en literatura como en sus aspectos prácticos y políticos (como hemos visto brevemente a partir del caso español) ha basado su estrategia política en el poder derivado de la aceptación social de su relato del futuro, en un instrumento consciente para la elaboración de mitos colectivos.

«Conferencia Global de Ciberpunk y Cibercultura (Praga)» recibió 20 desde que se publicó el 11 agosto, 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por las Indias.

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  1. […] (Viene de un post anterior) Pero decía nuestro amigo Istvan Csicsery-Ronay en la conferencia ciberpunk de Praga que una de las características del Ciberpunk literario es la ausencia de fin del mundo, de Apocalipsis. Más allá de la crisis queda la reconstrucción y la búsqueda de identidad, un tema bien conocido por la Ciencia Ficción europea y en especial la húngara. […]

  2. […] Evidentemente la inocencia moderna original -seguramente tocada ya en la guerra peninsular- no puede quedar hoy más que en hipocresía. En una idealización que fabrique la ilusión de que aquello no existió. […]

  3. […] futuro inflúe máis no presente que o pasado. ch! | | […]

  4. […] Pero en realidad, antes de la primera conversación con Jorge Domínguez, amigo y guía de mis primeros pasos por aquel país, la aplicación de la distinción en mis escritos tiene una genealogía que me gustaría contar. Hace tiempo que Roger Colom me afeaba el que identificara en general la emoción de los mitos con la épica del relato. Según Roger, la lección a extraer tras la trayectoria del ciberpunk español en general y del grupo tras la Bitácora de las Indias en particular, estaba en su apuesta por la lírica frente a la épica como forma de relato configuradora de mitos y realidades de nuevo tipo. […]

  5. […] Se va proclamando el triunfo final del Ciberpunk: un mundo distribuido impredecible porque el presente, el ya, se construye desde un mito del futuro que depende, al fin de un relato que ya no puede centralizar nadie, secuestrar ningún interés o grupito privilegiado. […]

  6. […] presentó en la I Conferencia Global de Ciberpunk y Cibercultura en Praga durante el mes de agosto de 2003. La ponencia anterior había sido presentada por David […]

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  8. […] propios cuentos. Si lo hiciera renunciaría al poder de mi relato para cambiar el mundo. Ya saben, los mitos son un Lego, nada sagrado, sólo un juguete para armar. Por eso, puestos a mitificar el nuevo mundo, sería […]

  9. […] Mitopoiesis: algunos principios Versiones Latoces pt gl oc ca »La mitopoeisis, el proceso de creación colectiva de mitos, es un viejo tema ciberpunk. […]

  10. […] que eu gostaria de contar. Faz tempo que Roger Colom criticava o que ele identificara em geral na emoção dos mitos com a épica do relato. Segundo Roger, a lição a se extrair da trajetória do ciberpunk espanhol […]

  11. […] cuando dejamos de creer en ella, no desaparece y el hecho es que el futuro ya no nos vale ni como hack para modificar el presente… dejamos de creer en él y desapareció. Por eso murió el ciberpunk, por eso se secó su […]

  12. […] regresar a por lo que les pertenece. Pero los veranos españoles pueden hablar de otra tierra y el futuro deseado influye más en el presente que el pasado: Marx advertía de cómo el pasado martilleaba las conciencias de los vivos, los cuentos del pasado […]

  13. […] literatura de referencia da sociedade rede, é, sen dúbida, a ciencia ficción: o ciberpunk. Asento a idea logo de ler La era del diamante: manual ilustrado para jovencitas (mil […]

  14. […] al relat, a les cançons. La importància d’explicar les coses perquè passéssin. De la paraula creadora: Se pensaba que al cantar su camino por el territorio, cada antepasado había dejado un rastro de […]

  15. […] a convertir-se en una forma de fer política, en una manera d’activisme, tal i com apuntaven a la Conferència Global de Ciberpunk i Cibercultura de Praga (2003). Reivindicant la força del relat, la mitopoesi i els fantasmes semiòtics: El relato del futuro […]

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